Ojo por ojo, y los docentes quedaremos ciegos.

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Ayer casualmente llegó a mis manos un artículo que quisiera mencionar (solo mencionar) titulado “Produciendo ‘ninis’ con dinero público” publicado en el periódico El Mundo. Podría decirse que es interesante, repleto de hechos y datos que llaman poderosamente la atención, y que pueden ayudarnos para seguir abriendo los ojos a la cruda realidad educativa.

Una vez citado (y cumplido), quisiera compartir tres fragmentos del artículo preocupantes por distintos motivos:

  • “… la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, mediante unos procedimientos plagados de irregularidades, ha concedido los títulos de Secundaria y Bachillerato a sendos alumnos que habían reclamado con cuatro y cinco asignaturas pendientes respectivamente, desautorizando con ello de manera expresa a los profesores que los habían suspendido.”
  • “El 43,4% de los alumnos de Secundaria andaluces la acaban con retraso, es decir, han tenido que repetir al menos un curso.”
  • Y por último una referencia al Informe PIRL-TIMMS (podría decirse que el equivalente al PISA pero para Primaria), “Así pues, tal vez los profesores de secundaria no sean tan estrictos (en referencia a los datos antes señalados), sino los de primaria demasiado poco exigentes.”

Los dos primeros son los verdaderamente alarmantes, pero es el último comentario el que quita toda la credibilidad y profesionalidad a las palabras de D. Gonzalo Guijarro, que cae en el fácil error de pasar la ‘bola’ a otros compañeros. Y como España está de moda en el mundo del fútbol, voy a permitirme hacer un único pase con vuestro permiso (uno y no más) para no parar el juego que ha iniciado este miembro de APIA (Asociación de Profesores de Instituto de Andalucía).

Porque sería interesante saber cuál es la titulación que se les ha exigido hasta ahora a los profesores para poder impartir clases en un instituto además de una licenciatura  de la que son especialistas, porque, hasta donde llega mi conocimiento, no se imparte ninguna asignatura sobre didáctica o psicología en historia, filología o ciencias…

Además, de creer digno de destacar la dudosa vocación de los profesores, que yo la considero inexistente frente a la de los educadores. Porque dar la clase, ser exigentes y deleitar a los alumnos de todo un saber no demuestra ser un buen docente. Los maestros tenemos asumido desde el inicio de la carrera las diferencias en el aula y heterogeneidad de los alumnos, pero para unos profesores que nunca han trabajado la diversidad, la comodidad que da una clase elitista puede hacer que se quiten un gran peso de encima y sea más liviano el curso. ¿Pensáis en exigir o en crear una clase ideal para el siguiente año?

Quiero seguir haciendo honor al título de mi blog, y pedir “Educación, por favor” y consideración para los compañeros del mismo gremio. Profesores y maestros, estamos en el mismo bando; no olvidemos que el problema es la insostenibilidad del nefasto sistema educativo.

Aldir Fernández Cañete (@aldirferca)

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